¿Es George Bush o Jorge Arbusto?

Ni a Steve Jobs le decíamos Esteban Trabajos ni a George Bush, Jorge Arbusto, y sorprende que en Lituania hablen de jugadores de baloncesto como Pau Gasolis y Juanas Carlosas Navarro. Y es que los nombres propios no se traducen, y no traducir implica, por ejemplo, no colocar tildes donde no toca.

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  • Ángela es una palabra esdrújula que necesita la tilde, pero cuando hablamos de Angela Merkel no acentuamos Angela porque la Merkel es una señora alemana, con un nombre alemán y en alemán no existen las tildes.
  • Nicolás se acentúa porque es aguda y acaba en s, pero cuando nos referimos a Nicolas Sarkozy, Nicolas no se acentúa porque Sarkozy es un señor francés con un nombre francés, y los franceses tienen sus propias reglas de acentuación.

Ahora bien, como siempre, hay excepciones:

  • Papas y reyes: son especiales (o especialitos) y hay que darles de comer aparte, y por eso se traducen, para que, sea tu rey o el del vecino, seas amigo o enemigo, admirador o detractor, luches a su favor o en su contra, lo puedas aclamar o abuchear en tu idioma materno.
  • Los nombres de santos (san Juan o san Pedro), personajes bíblicos (Herodes) o históricos (Copérnico o Juana de Arco) y los nombres con sobrenombres (Pedro el Grande, Iván el Terrible) se traducen, ya que pertenecen a la cultura popular y la cultura popular no entiende el idioma extranjero.
  • Los indios norteamericanos: el que para los sioux fue Tatanka Iyotanka, para Dakota fue Sitting Bull y para España Toro Sentado; a Tasunka Witlo el general Custer le conoció como Crazy Horse y los españoles como Caballo Loco, y mientras los americanos escribían Geronimo, los españoles escribíamos Gerónimo y los apaches Goyaalé.

Se desprende, por tanto, que en castellano ha existido una inclinación a adaptar los nombres propios. De este modo, cuanto más famosos y más antiguos son los personajes o más tradicionales y folclóricas son las instituciones que representan, más acentuada ha sido la tendencia a españolizar sus nombres.

Quizá sea por la globalización, pero esta tendencia se está invirtiendo y cada vez se respetan más los originales y se recurre menos a las adaptaciones. Incluso la monarquía pierde sus privilegios, ya que hoy día es más habitual escuchar William y Kate que Guillermo y Cata.

Otro tema: ¿qué pasa con las adaptaciones del cirílico, el árabe, el mandarín o el japonés? Pues esos hay que traducirlos porque no queda más remedio, puesto que ni sabemos leerlos y ni mucho menos sabemos escribirlos en su forma original. Entonces requerimos una adaptación fonética:

  • Vemos Δημήτρης y nos aturullamos, pero cuando lo pronuncia un griego, escuchamos [Dimítris] y, a continuación, escribimos Dimitris.
  • Observar 毛泽东 nos causa perplejidad; sin embargo, cuando lo lee una china entendemos Mao Tse-Tung y sabemos a quién se refiere.

Y por último está la adaptación libre:


¡¡Cuidao!! Precaución con los topónimos, que son reglas diferentes. Pero eso lo explicamos en ¿Es Tenerife o Teneriffa?

Escrito por B
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